jueves, 14 de julio de 2011

Wendy Guerra, la volcán

Hace relativamente poco, la revista colombiana Soho ofrecía, para deleite de sus lectores, una galería de desnudos de la escritora cubana Wendy Guerra. El fotógrafo fue Daniel Mordzinski, retratista por excelencia de artistas y escritores latinoamericanos.

Confieso que desde que vi las fotos comencé a llamarla, para mis adentros, Wendy La Volcán.  Me olvidé, entonces, de sus libros, de su interés por Anaïs Nin, también mi musa, y desde ese día en que la descubrí ligerita en carnes, me ha dado por querer coleccionar sus fotos y hasta su olor.

Una que nunca fue primera dama dice que la mujer ligerita en carnes es "una actriz secundaria". La que nunca fue primera dama suelta su monserga mientras mastica su buen chicharrón.

Y yo doy importancia a lo que se murmura en los bailes de salón.

"Zoé tiene pingustia" -dicen.

El diamante en la punta no da para más.

En el retrato que ofrece Wendy Guerra de Daniel Mordzinski, el fotógrafo, también hay un diamante.

"En mi dedo un diamante que no merezco", escribe.

Y avanzado el texto, revela: "No pude más, pedí permiso para ir al baño y tiré el diamante por el inodoro".

El texto acaba con una despedida con el fotógrafo.

"Daniel: Te espero en la eternidad".

Wendy, yo también te espero en la eternidad.

Seamos la eternidad.

El fantasma de Gloucester Road

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